La voz de su clon: IA, bulos y urnas camino del 29N
Por primera vez en unas generales hay una invitada que no sale en ninguna papeleta: la inteligencia artificial. ¿Puede la IA cambiar unas elecciones? Repasamos la ciencia, los deepfakes electorales, la ley… y ponemos a prueba a Fran con voces de políticos clonadas en directo.
El 5 de octubre Pedro Sánchez convocó elecciones generales para el 29 de noviembre, y en su propia declaración institucional ya coló a la invitada que no sale en ninguna papeleta: la inteligencia artificial, «muy disruptiva». Vídeos que nunca se grabaron, audios que nadie dijo y chatbots que te recomiendan a quién votar. Fran y Carlos se preguntan si la IA puede cambiar unas elecciones.
Lo que dice la ciencia. Dos estudios de diciembre en Nature y Science: más de 100.000 votantes en EE. UU., Canadá y Polonia charlaron unos minutos con un chatbot y el apoyo al candidato subió dos o tres puntos (la publicidad electoral clásica mueve menos de uno). Lo que más convence no son los trucos psicológicos sino soltar datos en modo cuñado… y cuantos más datos suelta el modelo, más se equivoca: la IA más persuasiva es la menos fiable. Los mensajes personalizados no convencen más que los genéricos, y en Países Bajos los chatbots recomendaban casi siempre los mismos dos partidos.
Deepfakes por el mundo. El audio falso del liberal eslovaco Šimečka comprando votos, en plena jornada de reflexión; la llamada con la voz clonada de Biden en New Hampshire, que costó un dólar y acabó en una multa de 6 millones; Suharto resucitado en Indonesia y 650 millones de visualizaciones de vídeos con IA en Hungría. El Instituto Alan Turing no encontró pruebas de que la IA cambiara ningún resultado en 2024, pero el daño real es la erosión de la confianza. Y en España, de todos los colores: el Sánchez falso de Junts, el vídeo retirado del PP, el cheapfake de García-Page en Talavera, los 23 canales de YouTube con noticias falsas que localizó Maldita y un 74 % de españoles preocupados por no distinguir lo verdadero de lo falso.
¿Quién dijo eso? Clonar una voz cuesta unos 6 dólares al mes, y en un estudio de la Queen Mary de Londres acertamos lo mismo que a cara o cruz. Carlos clonó en su ordenador de casa, con el programa libre F5-TTS y 15 segundos de audio, las voces de Page, Sánchez, Ayuso, Feijóo… y del propio Fran, y lo puso a prueba: tres cortes, uno auténtico y dos falsos. Resultado: tres de cuatro, y la Ayuso clonada le coló un gol.
La ley y el dividendo del mentiroso. Hacer un deepfake no está prohibido: el reglamento europeo obliga desde el 3 de agosto a etiquetarlo, la ley española de IA sigue en el Congreso y ninguna llegará a tiempo para el 29N; Brasil prohíbe contenido sintético de candidatos 72 horas antes de votar. El gran peligro es que, si todo puede ser falso, al político pillado le basta con decir «eso es IA», como insinuaron algunas defensas en el caso Koldo. ¿Y preguntarle al chatbot a quién votar? Según la UOC, ChatGPT recomendó partido en el 43 % de los casos, y Grok es el más escorado a la derecha. Tres consejos para cerrar: desconfía de la urgencia, busca la fuente y a los verificadores, y si dudas, no lo reenvíes. Ojalá el 29 de noviembre decida la voz de la gente y no la de los clones.