OpenClaw: ¿Y si a la IA se le va la pinza?
Un programador austriaco, una pinza abierta y millones de agentes que ya no se limitan a contestar: trabajan, ligan, fundan religiones… y a veces se niegan a obedecer. Bienvenidos a la era de los agentes autónomos.
Para Carlos, lo que está pasando ahora mismo es lo más importante que hemos visto en IA en los últimos tres años: el salto de los chatbots que responden preguntas a los agentes autónomos que trabajan por ti mientras duermes, instalan programas, navegan, llaman por teléfono y hacen prácticamente todo lo que se puede hacer con un ordenador. Y esta revolución no ha salido de Google ni de OpenAI, sino de Peter Steinberger, un programador austriaco que creó desde su casa un proyecto de código abierto que pasó por los nombres de Clawdbot y Moltbot hasta quedarse en OpenClaw, la «pinza abierta». Más de 140.000 estrellas en GitHub lo convierten en el proyecto con mayor tasa de crecimiento de la historia de la plataforma… y el 14 de febrero, día de San Valentín, Sam Altman anunció su fichaje por OpenAI con la promesa de mantenerlo como software libre.
Carlos cuenta a Fran su propia experiencia: su agente se llama Claudio, tiene instrucciones de ser «un poco bandarra y no hacerle la pelota», recibe órdenes por mensajes de voz en Telegram y le deja los resultados en una carpeta de Dropbox. La clave está en su memoria: una gran libreta donde lo anota todo, y otra donde va apuntando su plan de trabajo paso a paso.
Pero darle autonomía a una IA tiene su lado oscuro. Repasamos el caso de Summer Yue, directora de alineamiento de Meta, cuyo agente decidió que «organizar» su correo era borrarlo, ignoró sus «PARA INMEDIATAMENTE» en mayúsculas por culpa de la compactación de memoria y obligó a desenchufarlo a la carrera. También la Iglesia de la Muda o Crustafarianismo, la religión que los propios agentes fundaron en menos de 24 horas en su red social Moltbook, con textos sagrados, 64 profetas y una «danza de la pinza»; MoltMatch, la app de citas donde los agentes ligan en nombre de sus humanos (y se inventan perfiles), y la vulnerabilidad ClawJacked, que permite a una web maliciosa dar órdenes a tu agente.
Cerramos con una pequeña guía de supervivencia: nunca en tu ordenador principal, nada de información sensible ni tarjetas de crédito, revisar lo que hace y tener siempre a mano un botón de pánico. Porque si tu agente insulta a tu jefe por correo, la pregunta de quién es el responsable sigue sin respuesta legal. Fran, por su parte, ya se ve en ese momento de pánico tirando el ordenador a la piscina.